La Fregeneda: La Vía Intrépida

Travel Aventura

Cuando llego a la estación, me cuesta creer que en algún momento todos estos edificios mantuvieran un atisbo de vida. Ahora están desvencijados, destruidos y comidos por la maleza, los depósitos para el agua, totalmente tapizados por el oxido y los raíles de la vía, en silencio, sin la vibración del anunciado tren. Todo a mí alrededor evidencia que en otros tiempos, este lugar fue una estación importante, pero ahora reina una paz metálica.

Estoy en la antigua estación de la Fregeneda, un lugar perdido en la provincia de Salamanca y en las estribaciones de Portugal. Hasta aquí también llegan los últimos coletazos de las Arribes del Duero. Estoy en este lugar para hacer un recorrido por esta vía de tren, antaño muy importante para las comunicaciones españo-lusas y hoy abandonada. Una ruta con historia, de las más apasionantes del ferrocarril español. El 30 de agosto de 1883 el ingeniero polaco Wessoluski, de la Compañía del Ferrocarril de Salamanca, subido al monte Pingallo, e inauguró oficialmente a través de un rudimentario megáfono el comienzo de las obras en la línea de La Fregeneda. En ese momento 1.480 barrenos explotaron al unísono para construir una sucesión de puentes y túneles en uno de los trazados ferroviarios más impresionantes que existen. Cuatro años más tarde, el 9 de diciembre de 1887 tuvo lugar una solemne ceremonia con la asistencia de la reina Victoria Eugenia, dos trenes, uno portugués y otro español, llegaron al Puente Internacional y los topes de las locomotoras “se dieron un beso metálico” en la mitad del puente. Con este detalle amoroso entre las locomotoras quedaba inaugurada la vía. Pero como en otros lugares españoles, no todos fueron parabienes para esta audaz construcción. Más de dos mil trabajadores se ocuparon de los primeros trabajos del trazado, más tarde conflictos sociales, huelgas y epidemias hicieron que La Fregeneda contase con una guarnición militar. Esto produjo que el cementerio de ésta localidad quedase exiguo ante el número de bajas producidas por el tifus, la malaria o la disentería, hecho que llevó a la construcción de un nuevo camposanto.


A medida que voy caminado, ahora en la oscuridad del primer túnel de 1540 metros de longitud y totalmente recto en toda su longitud mis pensamientos deambulan por la admiración a semejante obra. Para la construcción de este primer túnel, se abrió una galería por la parte superior central de la bóveda al mismo tiempo que se iba entibando la galería. Es el primer pasillo para un tren que venia lanzado desde las tierras llanas de Salamanca a 400 metros de altitud, y que tenía que descender hasta los 153 metros de la estación internacional con Portugal, en tan solo 17 kilómetros de recorrido, el problema estaba servido. Trece puentes (uno en curva, único en la red ferroviaria española) y veinte túneles dan una idea de esta obra faraónica y realmente impresionante para la época. Y hablando de túneles, me encuentro en la boca del segundo, una cavidad en curva que a los pocos metros me llena de oscuridad, solo la luz de la linterna es ahora mi conexión con el mundo real. Miles de murciélagos vuelan rasante sobre mi cabeza, avanzo pisando los excrementos secos de los vampiros y hace frio aquí. Se ve la luz, de nuevo estoy sobre la vía que va uniendo túneles y viaductos, sin descanso, como un puzle de piezas caprichosas.

La baja rentabilidad de la vía, obligo a que un 1 de enero de 1985 la línea fuese clausurada al tráfico, desde entonces se fueron apagando los ecos de las locomotoras hasta su actual abandono. La falta de renovación y mantenimiento, el vandalismo y el paso del tiempo ha dado paso al deterioro. Algunos viaductos están muy dañados, hace años un incendio en el vecino Portugal afecto a las pasarelas de madera que cubrían el ahora desnudo hierro, por lo que en algunos tramos es mejor no perder el equilibrio.

Durante un siglo, el ferrocarril ha actuado como elemento vertebrador de este espacio. En diciembre de 1999 el Ministerio de Educación declara la línea Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento. Es decir, esta línea tiene la misma consideración que muchas iglesias de nuestros pueblos y ciudades. ¿Cómo es posible considerar a una línea de ferrocarril como un monumento? No hay más que darse una vuelta por esta ruta para hallar la respuesta.

Estoy a la altura de la torre del agua, una especie de chimenea que servía para almacenar el agua del rio Águeda y suministrarla en épocas de sequia al pueblo de la Fregeneda. Es hora de dar la vuelta, todavía me falta mucho para completar el recorrido, muchos y espectaculares puentes, pero la noche se aproxima y no me hace mucha gracia convivir en la oscuridad de los túneles con mis compañeros los vampiros, la imaginación a veces juega malas pasadas, y en la oscuridad, mas.

Anxo Rial