La comarca de Bergantiños es conocida y visitada principalmente por sus espectaculares tramos de costa, el agreste trecho costero que  se extiende desde Caión hasta Fisterra, conocido como Costa da Morte y que esta parte comienza a tomar forma. En el litoral de Malpica de Bergantiños, el mar estrella sus furias contra las rompientes de las islas Sisargas, un espectáculo codiciado por los viajeros de interior. Pero este lugar donde los prados se funden con el océano esconde otros atractivos, reclamos que bien merecen la atención del visitante y que forman parte de la historia más lejana de Galicia.

A tan solo tres kilómetros del embravecido océano, en Cabana de Bergantiños, se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más representativos de la cultura prehistórica gallega. La denominada cultura castrexa situó una serie de asentamientos poblacionales desde finales de la Edad de Bronce hasta el siglo I d.C. Fue en esas épocas donde el norte peninsular y especialmente las tierras gallegas, aparecen los denominados castros. Poblados establecidos a cierta altura, en general fortificados con murallas de piedra, con viviendas de formato circular y donde convivían hombres y animales.

El castro de Borneiro  cumple, al igual que el de Santa Tecla, Troña, Donón o Baroña, con las características de atalaya defensiva, si bien nunca llego a ser romanizado. El yacimiento que hoy contemplamos, comenzó a excavarse en 1924 y de esas primitivas prospecciones se fue descubriendo un poblado que mantenía una seria fortificación, donde tres líneas de murallas y un foso, servían como elementos de rechazo hacia posibles incursiones enemigas. El castro contaba además con dos puertas monumentales, con un control de guardia en una de ellas, de lo que se deduce que la sociedad del castro era organizada y que ejercía un severo control al interior del recinto.

El poblado estaba habitado de forma permanente por doscientas o trescientas personas, que ocupaban sus vidas dedicándose a la agricultura y ganadería. En excavaciones de los años 80 del pasado siglo se encontraron un buen número de herramientas, adornos y armas, principalmente de hierro y bronce, lo que confirma la probable existencia de un taller metalúrgico, que de alguna forma suministraba piezas a la comunidad del castro, además de talleres de cerámica, carpintería o cestería. El castro de Borneiro mantuvo su ocupación entre los siglos IV a.C y el I d.C, justo cuando las legiones romanas llegaban a Galicia.

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