No hay duda, que el trazado que sigue uno de los caminos más transitados de la tierra ha dinamizado desde hace siglos, todas y cada una de las localidades por las que pasa, algunas incluso han ganado en popularidad y fama. Pero también es cierto que el camino de Santiago ha ido uniendo lugares ya de por si importantes dentro de la cultura Gallega. Palacio de Reyes o “Pallatium Regis”, es uno de esos asentamientos que ilustran esta teoría. Palas de Reis, fue una ciudad visigoda, donde el rey Witiza asentó su palacio en el siglo VIII. Los romanos trazaron la vía “Lucus Augusti” en su camino a Iria Flavia y la villa fue protagonista en la segunda guerra carlista, ya que fue aquí donde gozó de éxito la sublevación de 1846, dando lugar a la constitución de la Junta Revolucionaria.

Lejos de núcleo central de la villa, pero dentro del municipio destaca la iglesia monasterio de San Salvador de Vilar de Donas. Este templo situado en pleno Camino de Santiago, es románico, espectacular y verdaderamente antiguo. Tenemos que remontarnos hasta el siglo XII para indagar en los orígenes del templo y en la figura de su fundador, Airas Peres, si bien la leyenda menciona a un grupo de señoras de la familia Arias de Monterroso, como fundadoras del templo y sus figuras aparecen representadas en las capillas de la nave mayor. Adosada a la portada se añadió el claustro del monasterio, pero hoy solo quedan los arcos primitivos de lo que en su día fue este espacio para la contemplación. El templo y su conjunto arquitectónico fue declarado en 1931 Monumento  Histórico -Artístico.

Por todo el municipio van apareciendo pazos, torres, casas blasonadas y castillos, muestras del pasado señorial establecido en la comarca del Ulla. Dentro del elenco de fortalezas no puede faltar la visita al Castillo de Pambre, uno de los edificios más importantes y representativos de la arquitectura militar en Galicia.

La solida fortaleza fue levantada entre los siglos XIV y XV por orden de Gonzalo Ozores de Ulloa y fue tal su dominio en toda la zona que el castillo estuvo protegido por un notable ejercito de tres mil quinientos hombres, poderío militar que le valió el rechace de la revuelta Irmandiña en 1467, que no fue capaz de añadir a su inventario la destrucción de la fortaleza de Pambre.

Para acceder a su interior hay que traspasar un puente y con ello un pequeño foso. El bastión esta defendido por cuatro torres que hacían de contrafuertes defensivos a la gran torre de homenaje. Dentro del recinto amurallado se encuentra una pequeña capilla del siglo XII, cuya adoración se encomienda a San Pedro. Tras un periodo de abandono y decadencia, el conjunto arquitectónico fue donado a principios de este siglo veintiuno a los Hermanos Misioneros de los Enfermos Pobres de Vigo, que ante la imposibilidad de acometer su restauración y mantenimiento, fue vendido finalmente a la Xunta de Galicia, que ha rehabilitado el conjunto y de esta forma permitir su visita.

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