Desde lo alto de las murallas del castillo medieval de Ljubliana las vistas sobre el casco antiguo de la ciudad son extraordinarias, las calles se atrincheran en torno al rio formando un escenario acogedor. También es desde este lugar donde se puede contemplar las últimas estribaciones de los Alpes antes de diluirse en las llanuras del centro de Europa. Eslovenia es nación desde el 25 de Junio de 1991, ese es el momento cuando el gobierno decide independizarse de la Federación Yugoslava y  tras la guerra de los diez días y más de sesenta victimas, Eslovenia se proclama por fin un país nuevo e independiente.

Si bien el monte Triglav representa para la mayoría de los eslovenos la meta a la que deben subir al menos una vez en la vida, todas las montañas que forman los Alpes merecen ser atendidas y el objetivo de esta visita al país de los bosques es alcanzar la cima de una de las montañas más populares de los Alpes Julianos, el monte Sleme. Uno de los puntos de partida es la pequeña villa de Kranjska Gora, uno de los lugares más fríos de Eslovenia. Nada más salir del pueblo, el visitante puede ver recortadas las imponentes cumbres en las aguas verdes del lago Jasna, donde la estatua de un bucardo contemplado las montañas, nos recuerda el amor y respeto que otorgan los eslovenos a la naturaleza.

La carretera se aleja del lago y comienza un largo serpenteo hasta los 1611 ms del puerto de Vrsic, retorciéndose sobre sí misma en innumerables curvas de segunda velocidad. La ruta fue abierta durante la Primera Guerra Mundial por diez mil prisioneros rusos, con el objetivo de habilitar una vía para el suministro de materiales de guerra y comida al ejército austro-húngaro que luchaba en el vecino e inaccesible valle del Soca, al otro lado del puerto. Muchos prisioneros murieron de agotamiento y enfermedad en el empeño de hacer practicable este paso entre montañas, pero la mayor tragedia fue la gran avalancha que marzo de 1916 arrasó toda la ladera de la montaña,  causando la muerte de más de un centenar de prisioneros rusos. La carretera, todavía conserva los adoquinados construidos por los prisioneros en los tramos más empinados del recorrido y alcanza las 24 curvas perfectamente numeradas hasta lo alto del puerto. En este paseo hacia las alturas, no debemos pasar por alto la figura de Ajdovska Deklica, que no son otra cosa que los rasgos de un rostro de mujer con semblante triste dibujados por la naturaleza en uno de los contrafuertes de la pared rocosa del monte Prisank o la pequeña ermita ortodoxa de madera conocida como la Capilla Rusa, en la cerrada curva numero 8, construida en 1917 por prisioneros rusos en homenaje a sus compañeros muertos en la construcción de la accidentada carretera. Pero hay más, hasta el puerto veremos pequeños cementerios y tumbas sin nombre.

Es desde el collado de Vrsic donde arranca la ruta que permite coronar la cumbre del monte Sleme. La primera referencia es una chapa antigua anclada en una piedra, que nos muestra la dirección a seguir. La senda se introduce poco a poco entre la vegetación de monte bajo, lo cual es una ventaja porque permite disfrutar de unas estupendas vistas de toda la cadena montañosa y del puerto que vamos dejando atrás. En aproximadamente 20 minutos se culminan los 1.799 mts del collado Vratica, aquí la vista atrás es inevitable, las panorámicas ya comienzan a ser espectaculares. También en este punto la marcada senda se divide en un ramillete de posibilidades, solo hay que recurrir a la ayuda de un cartel de llamativo rojo, que nos detalla el camino a seguir.

La senda avanza sin importantes desniveles, ahora por un tramo sembrado de grandes bloques, que le recuerda a las piernas que estamos en terreno montañoso. A la salida de esta pequeña cuesta, una gran losa con unas placas conmemorativas de victimas en este lugar, nos enseña que la montaña es implacable. Tras un nuevo desvío, solo tendremos que seguir las indicaciones de una gran pintada roja. Un nuevo repecho nos lleva a una idílica campa de altura y con un último esfuerzo alcanzamos los 1911 metros de altitud del monte Sleme. Las vistas sobre las montañas de la región de Gorenjska son increíbles y nos hace sentir la emoción de estar casi tocando el cielo.

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