La villa de Tomar, fue el emplazamiento de los Caballeros de la Orden de Cristo en Portugal, los conocidos y a la vez enigmáticos Templarios. Durante los siglos XII y XIII, los cruzados o caballeros de la orden del Temple ayudaron a los portugueses en su lucha contra los árabes. El rey Alfonso I cedió el castillo y la colina de Ceres en 1159 a la mencionada orden como agradecimiento a sus servicios. Un año más tarde el gran maestre de la orden, Gualdim Pais, dispuso el construir el gran y espectacular castillo de Tomar como símbolo del poder de la hermandad en esta parte de Portugal.

Uno de los sentidos más ilustrativos que podemos dar a Tomar en nuestra visita es, conocer el fundamento y la historia de este poderoso grupo de caballeros. La hermandad fue constituida a partir de un pequeño grupo comandado por dos caballeros franceses, se plantearon como principal objetivo de su existencia proteger a los muchos peregrinos que visitaban Palestina. Además de la custodia, la otra misión de los Templarios era el envío regular de dinero y suministros desde Europa a Medio Oriente y África. Sin percatarse desarrollaron un eficiente sistema bancario, donde los envíos estaban protegidos con códigos que solo ellos podían descifrar. Ante tal despliegue de seguridad, se ganaron la confianza entre los reyes y la nobleza.

Pasaron, por lo tanto a asumir las funciones de virtuales banqueros de Europa. La idea de la existencia de este grupo fue tan bien aclamada que recibieron el reconocimiento papal. Así la Orden Templaría era encabezada por un gran maestre y un cuerpo de valientes caballeros, capellanes y sargentos. Entre éstos, quedó inmortalizada la figura de los caballeros merced a su atuendo característico: un gran manto blanco en el que se destacaba una enorme cruz copta de color rojo sobre su pecho y espalda, y un escudo con la misma insignia. Esta orden de carácter religioso y básicamente militar y protector, nació inicialmente con el nombre de  “Orden de los Pobres Caballeros de Cristo”, conocida más tarde como los Caballeros del Templo de Salomón, o Caballeros Templarios, en honor al primer palacio que ocuparon en Jerusalén, que se encontraba adyacente a un edificio conocido como el templo de Salomón y donde cuentan las leyendas estuvieron encerrados durante años con el propósito de localizar el Arca de la Alianza.

Durante años castillos, iglesias y ciudades enteras florecieron bajo el manto protector de esta orden de caballeros casi intocables. Recibían como recompensa a sus servicios, tierras, dinero, títulos y lógicamente un enorme poder político. Cuando fracasa la Segunda Cruzada y Jerusalén cae en manos de los musulmanes, en 1187, la orden deja de tener sentido. Transformados en un poder dentro del poder, Felipe El Hermoso descubre que la mejor forma de saldar sus deudas con la orden es eliminarla. Primero en Francia, luego en Inglaterra y España, los Templarios son perseguidos. De esta forma fueron enviados a la hoguera por herejes, encarcelados de por vida y los más afortunados salvaron sus vidas huyendo al anonimato. En 1314, como colofón a esta persecución, el Papa Clemente V, viendo que os templarios podían llegar a ser una temible amenaza contra el estado eclesiástico, decidió bajo mandato suprimir la orden y los bienes de la otrora poderosa institución pasan a manos reales o papales. Pero en Portugal le rey Dinis, la reconvirtió definitivamente en la orden de Cristo y tomar fue su bastión.

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