Viajamos por el rio más largo de Polonia, el Vístula forma parte de la identidad del país y sus aguas han visto abrumadoras historias de supervivencia. Este importante rio recorre más de mil kilómetros, desde las laderas de los Cárpatos, hasta acariciar las arenas del mar Báltico en el golfo de Gdansk, bañando con sus aguas las principales ciudades del país.

Este canal acuático surtió durante el medievo al continente de sal, cereales y vino. Una vía de prosperidad y esperanza, que ahora es posible recorrer a bordo de un pequeño barco. Una ruta que arranca en Torun, la maravillosa ciudad de ladrillo y cuna del ilustre Copérnico. La urbe es un entramado de calles con claro estilo gótico, que escapo de forma milagrosa a la lluvia de bombas destructivas, que asolaron el cielo polaco en la segunda contienda mundial. El casco antiguo merece ser paladeado con parsimonia; la catedral, el edificio del ayuntamiento, restos de la muralla o la torre inclinada, son elementos imprescindibles en la visita a la ciudad del astrónomo.

La corriente del Vístula nos descubre la silueta de uno de los castillos más espectaculares de Polonia. Malbork ocupa las orillas del rio desde el siglo XIII. Aquí los caballeros teutónicos edificaron una soberbia fortaleza de ladrillo rojo, hoy Patrimonio Mundial de la UNESCO y verdadero símbolo de la Orden de Los Caballeros Teutones. Merece la pena perder literalmente el tiempo y aventurarnos entre sus imponentes muros, a buen seguro que nos sentiremos verdaderos caballeros medievales.

Cracovia, Varsovia y finalmente Gdanks, la villa que luce una bella y melancólica arquitectura portuaria. Los gérmenes de la ciudad se remontan al año 980, cuando la dinastía Piast comenzó a conectar el reino polaco con las rutas comerciales del mar báltico. En el siglo XVII era un centro comercial y una entrada importante de mercancías al país. Desde la imponente grúa se exportaron miles y miles de sacos de centeno. Estadísticamente el setenta por ciento de los barcos que comerciaban en las aguas del báltico atracaban en el puerto de Gdansk.

Su zona monumental es sin duda el punto de partida para visitar este lugar plagado de casas burguesas. Puertas como Brama Wyzynna o Brama Zielona, dan acceso a estrechas calles comerciales, puestos plagados de trozos de ámbar, pequeñas joyas típicas de la zona. La Basílica de Santa María, merece una visita, especialmente por su reloj astronómico, una verdadera maravilla de la ciencia que nos remonta hasta el siglo XV. No podemos dejar la ciudad sin visitar el Museo de la Segunda Guerra Mundial. Numerosas exposiciones, iluminación e instalaciones multimedia nos recuerdan el tremendo horror de la contienda.

El rio Vístula atraviesa en silencio la ciudad y se diluye poco a poco con la aguas del mar báltico, creando una pintoresca concha de arena entre Gdynia y la estrecha lengua de Hel. Un fin de viaje majestuoso para la vía acuática más importante de Polonia.

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