Esta ciudad de nombre ciertamente impronunciable, es uno una las urbes más antiguas de Polonia. Su emplazamiento coincide con un entresijo de caminos,  especialmente con la cercana Poznán, que desde mediados del siglo X supuso una prosperidad para esta zona del norte de Polonia.

Hoy, la villa mira orgullosa a su castillo de ladrillo rojo y sus calles de corte medieval, se han diversificado entre las dos orillas del rio Obra, que serpentea entre campos de cultivo, parques y suntuosos edificios. Pero el mayor atractivo de la ciudad de Międzyrzecz hay que buscarlo en las afueras. Allí entre llanuras y carreteras enmarcadas por pintorescos árboles, se encuentra el parque bélico Międzyrzecki. Este complejo de bunkers y autopistas anti tanques, hay que situarlos en la época en que esta parte de Polonia estaba en manos de los alemanes.

En 1927 y saltándose todas las prohibiciones del Tratado De Versalles, los alemanes, en total y absoluto secreto, comenzaron con los planes de fortalecer su frontera oriental, obras que darían comienzo en 1934, con  la línea Nischitz-Obra y una serie de fortificaciones subterráneas.

Con una simbólica entrada, podremos acceder a este complejo defensivo, donde un vetusto tanque y varios cañones nos avanzan una vasta extensión que llego a albergar ochenta y tres refugios, además de varias trampas hidroeléctricas, puentes levadizos y cúpulas blindadas. Los planes de Hitler era crear una de las plantas fortificadas más poderosas y avanzadas del mundo.  La parte central de todo este extenso recinto se alfombro con una autopista antitanques. Los Dientes de Dragón, ya fueron usados con éxito en la extensa línea Sigfrido. Merece la pena perderse entre estos dientes de hormigón y acero e imaginarse por un momento la dimensión de semejante obra arquitectónica, tanto en coste humano como monetario.

Tras varias visitas de Hitler y al no estar de todo satisfecho con el avance de las obras, decide en 1938 suspender la expansión del entramado de túneles y fortificaciones. Aun así, el complejo estaba equipado con ametralladoras, lanzagranadas y lanzallamas, armas de última generación. En 1943 la sección principal se transformó como fabrica subterránea de motores. Tras la guerra, las instalaciones fueron ocupadas por el ejército soviético y polaco. De la entrañas de este complejo se expoliaron no solo armas, si no también materiales, especialmente acero blindado. Un periodo de abandono trajo al lugar numerosos saqueadores y finalmente el olvido. En la actualidad, la mayor parte de la zona norte esta fuera de uso y solamente se muestra al turismo una pequeña parte de su sistema de túneles subterráneos. En cualquier caso, merece la pena bajar a las entrañas de la tierra y asombrarse de la capacidad humana para generar arquitecturas destructivas.

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