Sedos, los caminos primitivos.

La arquitectura de los Picos de Europa forma un paisaje agreste, duro y espectacular. Los habitantes del lugar lo saben y desde tiempos remotos conviven con esta particular forma de vida. Los pastores, intentando buscar nuevos espacios para alimentar el ganado, han llegado hasta los pastos de altura, convirtiéndose sin quererlo en los primeros exploradores de estos terrenos verticales y desconocidos.

De esta forma nacen los sedos, (seu o sedu), tramos de camino muy vertical, a menudo peligroso y expuesto donde los lugareños buscaban alcanzar de forma rápida las majadas, donde llevar el ganado en una peregrinación hacia la hierba más fresca de los puertos elevados del macizo. Con la desaparición de los habitantes más antiguos de los valles y la merma de la ganadería, muchos de los sedos se han diluido en la memoria. Pasos como los de Argomosu, la Arena o Pradillu están en total abandono. Pero todavía unos cuantos pueden ser recorridos para disfrutar de estas astutas sendas que desafiaban los abismos de los picos. Ese espíritu de antaño y la curiosidad, es más que suficiente para calzar las botas y transitar por estas antiguas e históricas sendas.

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