Transcurría el año 2011, cuando una serie de circunstancias o alineación de astros, se conjugan para dar rienda suelta a un ambicioso proyecto de la Comunidad de Montes de Burgueira,  dinamizar un bonito tramo de la cabecera alta del rio Tamuxe. De esta forma comienza la rehabilitación de antiguos molinos, que esperaban silenciosos y pacientes una nueva vida, además de la instalación de pasarelas de madera y puentes para humanizar y disfrutar de esta zona agreste del rio, muy encañonada y espectacular.

Un año más tarde, la misma comunidad de montes, tratando de fomentar el acercamiento al lugar por parte de los visitantes, trazan una corta ruta circular por la orillas del rio. Un recorrido que recomendamos en este viaje. Pero antes convine hacer las pertinentes presentaciones y analizar al anfitrión de esta aventura, el rio Tamuxe.

El protagonista de esta historia esconde varios e impresionantes rincones que merecen la pena ser descubiertos y sin duda sorprenderán al visitante. Este rio es el último afluente del rio Miño, justo antes de su desembocadura en el Atlántico. Es un rio corto, de apenas catorce kilómetros de longitud, pero con un caudal importante, en parte debido al accidentado terreno por el que discurre y las aportaciones que recibe de los pequeños riachuelos.

El Tamuxe, nace como rio Carballas y brota en plena sierra de Argallo, dentro de los lindes del ayuntamiento de Oia. Son terrenos escarpados y solitarios, solo frecuentados por el viento y las manadas de caballos salvajes, que peinan la sierra buscando la hierba fresca, en una libertad condicionada hasta la llegada de una nueva celebración de a Rapa das Bestas, donde son de nuevo capturados.

El cauce del rio esquiva los seiscientos metros de altitud de los montes do Lousado, para rápidamente hundirse hacia las tierras de Vilachán. A partir de este punto, el rio se abre paso a duras penas, por un terreno de suelo granítico, trazando saltos, pequeñas cascadas y estrechamientos que permiten esquivar las laderas de los montes y le hacen ganar espectacularidad.

Son parajes angostos, donde la fuerza del agua esculpe continuamente pasadizos y pozas de cierto renombre como las de Loureza. Este lugar y sus cristalinas piscinas naturales comenzaron a ser frecuentados por los bañistas alérgicos al bañador a comienzos de los años 80 del pasado siglo y, si bien han perdido la magia de lugar solitario, siguen siendo a día de hoy uno de los puntos de referencia del rio Carballas- Tamuxe, en esta parte alta de la sierra.

Una ruta circular, de a penas siete kilómetros parte desde Pozo do Arco y permite caminar por ambas orillas del rio, visitando parajes donde el musgo tiene morada permanente, además de las famosas Pozas de Loureza.

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