El avance de los romanos por la península fue imparable, la conquista de los terrenos de la Galia no presentaron problemas para la maquinaria romana y tan solo sus miedos y supersticiones hicieron tambalear su desarrollo. Cuando Décimo Junio Bruto llego en el año 135 a.C. a estas tierras del norte expandiendo las directrices de Roma, se encontró a su ejército pasmado ante las aguas del rio Limia, incapaces de tomar la iniciativa de traspasar sus orillas. Los romanos pensaban que este rio conservaba las mismas propiedades que el lejano rio Lettish, ubicado en el fin del mundo, al lado de Hades y cuyas propiedades borraban la memoria a todo el que osaba cruzar sus orillas. Beber de sus aguas aniquilaba los recuerdos y preparaba para una vida más pura, sin cargas ni ataduras a la vida terrenal, lo que significaba entregarse a la muerte. Los historiadores Estrabón, Tito Livio y Apiano, cuentan en sus crónicas como Bruto se detuvo ante el rio y viendo a sus hombres temerosos, se armó de valor y estandarte en mano, atravesó las aguas del Limia alcanzando la otra orilla sano y salvo. Desde allí, voceó los nombres de sus centuriones uno a uno, llamándoles e invitándoles a unirse a él en la orilla opuesta,  para demostrar ante todos ellos, que no había perdido la memoria y que el rio no hacia ningún mal a quien lo cruzaba.

Caminando por el cañón del Rio Mau.

El rio Mao o Mau, como es conocido en estas zonas fronterizas, es uno de los afluentes del rio Limia y se une a este en las aguas del pantano de Lindoso, la ruta de senderismo que recorre la parte final de su cauce está dentro de la red de recorridos del Parque Natural de Baixa Limia-Serra do Xurés. Este rio de poco más de cuatro kilómetros de recorrido, brota a una altitud de 1.000 metros, entre las cumbres del monte Santa Eufemia, un terreno muy escarpado que lo lanza sin control buscando la alianza del arroyo Corgo Cerdeiro, para recorrer ya como Mao los terrenos más pausados de Chan de Ventoselo, pero sin perder su esencia de rio encañonado y que mantendrá hasta su desembocadura.

El camino por las riberas del rio Mao arranca en las proximidades de la casa de Escusalla, hoy abandonada y donde solo sobrevive la estructura de esta casona del siglo XVIII. La casa está muy alejada de las otras construcciones del pueblo, circunstancia sin duda favorecedora para destinar el lugar a cárcel de la Inquisición. La construcción está respaldada por misteriosas historias de fantasmas y asesinatos, animas que vagan por las estancias de la casa en determinadas noches de luna llena, calmando justicia e implorando el descanso eterno.

Comenzamos a caminar alejándonos de la casona y buscando un bosque autóctono de robles y castaños, antes un cartel informativo nos adelanta todos los detalles de la senda. Buscamos el descenso al rio para poco después caminar remontando su cauce por un paisaje absolutamente natural, con un denso bosque de ribera. Tramos de pequeñas cascadas, saltos, sifones y estrechamientos consiguen variaciones de caudal. Una fisonomía ideal para la instalación de los molinos; Porta, Fontiña, Estrela, Maria y Ferreiras son algunos de ellos, que en mayor o menor estado de conservación aparecen en este tramo a pie de rio. El de Ferreiras el que nos sirve como referencia para abandonar el rio y remontar recuperando todo el tramo de bajada del principio. Una marcada pista nos introduce en una ladera de monte bajo, sin apenas árboles y con excelentes panorámicas del embalse de Lindoso, Serra do Quixo y las vecinas tierras de Portugal. Es un largo tramo hasta volver a encontrarnos con la sombra de los árboles y de esta forma volver a empatar con el camino que utilizamos a la ida y con el punto de partida, terminando de nuevo bajo la influencia del encantamiento de la casa de Escusalla, solo hay que abandonar el lugar antes del anochecer sin no queremos ver el fantasma del monje sin cabeza.

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