No permanezcas ante mi tumba llorando….No estoy en este lugar. No duermo, soy el viento que sopla en torno a ti, soy la lluvia de otoño,  soy el vuelo circular de las aves, el resplandor de las estrellas en la noche. No permanezcas ante mi tumba llorando….No estoy en este lugar. Yo, no estoy muerto.

Es sábado, un sábado de verano, mientras desayuno plácidamente, la televisión susurra de fondo las consabidas llamadas al consumismo. El mando a distancia me salva, justo a tiempo para ver uno de esos documentales históricos, a los que casi nunca hacemos caso. Este era diferente, al menos para mí. Un fantástico cementerio plagado de esculturas, más dignas de un museo que de un camposanto, van desfilando ante la pantalla acaparando mi atención. Lo sabía, tenía que ir a ese lugar de la vieja Italia.

El cementerio de Staglieno está situado en la ciudad italiana de Génova, es uno de los campo santos más grande de Europa, con una superficie de dieciocho mil metros cuadrados, conocido también como “ciudad de los muertos”. Este inmenso escenario para los muertos fue inaugurado en 1851 y salvó a la ciudad de una autentica catástrofe, cuando las enfermedades asolaban a la población y los muertos yacían putrefactos bajo las criptas de las iglesias.

Ahora estoy aquí, ante la puerta de esta autentica ciudad dedicada a la otra vida, donde el tiempo queda justo en el umbral de la puerta que estoy a punto de traspasar, dentro reina la paz, el silencio y un ambiente de los más artístico. Este cementerio es considerado una antología de la escultura, los pasillos están atestados de obras de arte, monumentos donde se ven representados diversos estilos y donde el dolor de la muerte deja paso a la admiración por los tallados y las formas labradas en el mármol. Aquí los maestros escultores de cada época se esforzaban en crear verdaderas obras de arte, iconos funerarios para que las familias pudientes genovesas dejaran en el mundo de los vivos, representación de influencia y estatus social.

Sin embargo, una de las leyendas más famosas del cementerio de Staglieno es la de Caterina Campodónico, comerciante de frutos secos perteneciente a una familia humilde que consiguió ahorrar lo suficiente para ser enterrada y ordenar esculpir una escultura en su sepulcro, una obra digna de este magnífico y mágico lugar.

Anxo Rial.

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