Me adentro en el hayedo a través del pequeño puente de madera que cruza el río, tras mis pasos el desfiladero y los prados verdes y me doy la vuelta para echar un último vistazo. Ante mí, las pequeñas , artesanales y gastadas traviesas de madera tapizan el suelo del  puente, la pasarela que me permite acceder y adentrarme en la magia de este colorido y mágico bosque.

Es tarde ya, el día esta dando sus últimos suspiros, es otoño y el tiempo no acompaña, al rato sale el sol o nieva de forma compulsiva, el invierno mantiene una batalla por ganar el pulso al lluvioso otoño. El cielo se ha vuelto a cubrir y aquí, a un paso de la espesura del bosque, la luz ya no es muy abundante. No me importa, conozco el lugar y se que al final del hayedo, me espera el angosto desfiladero y el espectacular salto de agua. Este bosque es uno de los mejor conservados del territorio nacional. El Hayedo de Ciñera, se ha llevado un premio al “Bosque mejor Cuidado”, todo un merito con los tiempos que corren, contando con que cerca del lugar palpitan los escombros de una antigua mina.

De momento me olvido de todo eso y me dispongo a disfrutar. Nada mas cruzar el puente, las hadas del “faedo” hacen que me olvide de que el mundo precipitado y moderno esta al otro lado, no existe el ruido y solo el murmullo del agua marca el compás de los sonidos. La senda acompaña a este pequeño caudal de agua y las hayas cada vez son mas grandes y retorcidas, casi atormentadas. Estas se pierden a través de la ladera, escalando la pendiente. De pronto ante mi, uno de los ejemplares mas grandes del bosque, 500 años contemplan al abuelo de las hayas. Me siento un rato a contemplar semejante portento de árbol, todo su tronco esta cubierto de musgo, creando un vinculo inseparable. Me imagino cuantas historias del bosque habrá contemplado este haya gigante, impasible, sólo sobreviviendo, contemplando como la vida lentamente transcurre.

Vuelvo a la realidad con la caída de los primeros copos de nieve, está comenzando a nevar dentro del bosque, haciéndolo todavía mas bonito y misterioso. Me pongo en marcha, debo apresurarme si quiero llegar a la cascada y regresar antes de que anochezca. Por fin estoy aquí, en el salto de agua, que ahora se muestra muy diferente a la última vez que visite el lugar, todo rebosa humedad. El desfiladero comprime el rio y esta gran cantidad de agua termina estrujada contra las estrechas paredes calizas hasta dar forma un gran rugido. No puedo continuar, todo esta mojado y peligroso, el camino gana altura, nieva más todavía y todo resbala. Tengo que retroceder. La falta de luz difumina el bosque, las ramas retorcidas y torturadas de los árboles ponen en marcha la maquinaria, esa que todos llevamos dentro y que nos retrotraen a historias de la niñez, a las fabulas de boques misteriosos y personajes que en ellos habitan. Se que no hay peligro, el bosque me protege, pero seria fácil dejarse llevar por las sombras, los sonidos y esa sensación de que algo controla nuestros pasos, nos vigila y siempre se esconde a tiempo cuando echamos una rápida visual sobre lo andado. Sin detenerme miro de reojo la oscuridad de las hayas, las sombras del bosque, donde las hadas buenas me saludan. Es de noche, mejor apresurar el paso.

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