La ría de Vigo, es una ría tranquila alejada de grandes mareas y sobresaltos. Las Isla Cíes se encargan de tamizar las grandes olas, más tarde la fisonomía y estrechez de las orillas hacen que este fiordo gallego se convierta en un lugar idílico, especialmente para navegantes. Para cuando llega el mar a la ensenada de San Simón, punto donde finaliza la ría de Vigo, el lugar ya semeja un bonito y pausado lago entre montañas. Es en este punto final de la ría donde desemboca el rio Verdugo, alimentando con sus aguas las famosas ostras de Arcade.

Este cauce de agua, de curioso nombre y que puede sobresaltar a más de uno al escuchar su apelativo, apunta a una mala traducción al castellano de su antiguo nombre, rio Verduxo, que se traduce como verduzco, haciendo referencia a las algas de color verde que abundaban en su cauce o a los tramos arenosos del rio y que le daban esa tonalidad verduzca. El rio Verdugo discurre por Ponte Caldelas de forma pausada, creando tramos remansados y todo se prepara para los sobresaltos que vendrán, pues es a partir de esta villa donde el rio se transforma, recorriendo un largo cañón, una garganta granítica de más de cien metros, que precipita sus aguas en un desnivel imposible. Saltos, sifones, cascadas enlazadas, pozas y tramos de una belleza salvaje.

El rio Verdugo se precipita ahora por la garganta Do Inferno, un último tramo rebelde antes de recibir por su izquierda las aguas del rio Oitavén, su afluente más importante. Las aguas del Oitavén, parecen apaciguar el ímpetu indomable del rio. Son tierras de Soutomaior, dominios medievales y donde los romanos ya usaron sus artes para salvar las aguas del rio Verdugo construyendo el puente de Camboa, modificado en el medievo, siguiendo las directrices arquitectónicas de los siglos XIV o XV. En la villa de Arcade confluyen las aguas del rio Verdugo y las saladas aguas de la ría de Vigo, antes el rio atraviesa la cercana parroquia de Pontesampaio, donde cruza bajo los diez arcos de su puente, frontera entre los ayuntamientos de Pontevedra y Soutomaior. Esta larga pasarela pétrea, propiedad en los siglos X-XI de los Condes de Borgoña, fue testigo de muchas contiendas a lo largo de su historia, la más destacada marco la heroica batalla de 1809 que enfrentó a las tropas francesas, comandadas por el mariscal Ney contra las milicias populares, una encarnizada escaramuza que finalizó con la retirada de los franceses. Un marco de conquista que sirve para ver como el rio Verdugo se pierde en la ensenada tranquila de San Simón.

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