El azul de la bahía más famosa de América sostiene uno de los puentes más icónicos del planeta, el Golden Gate. Sus pilares rojizos conforman la postal de San Francisco, la ciudad donde nacieron las libertades musicales de los años sesenta. Todavía hoy en día, el visitante puede respirar ese aire hippie de otros tiempos. Es desde el puerto donde se percibe la esencia de esta urbe, aquí a la vera del mar, las focas dormitan ante la mirada de los visitantes y turistas, que deambulan entre los restaurantes de pescado y las tiendas de recuerdos.

San Francisco merece una pausada visita, desde la famosa isla de Alcatraz, antaño prisión de peligrosos convictos, pasando por el colorido barrio chino o un paseo en tranvía, que con pausado ritmo ascienden las empinadas colinas de la ciudad. Hoy, están considerados monumentos históricos y solamente tres líneas recorren San Francisco, pero antes del gran terremoto de 1906, circulaban más de 600 tranvías en la cosmopolita urbe.  La intención de este viaje es recorrer parte de la famosa ruta 101, la carretera de la costa, que con un sosegado ritmo, copia los acantilados hacia el norte, hasta las fronteras con Canadá.

La ruta se aleja de la famosa bahía y se abre al océano pacifico, donde el paisaje es espectacular.  Los bosques se van alternando con el mar, creando una paleta con el azul y verde como colores dominantes. El Parque Nacional Redwood, es un espléndido ejemplo de masa forestal bien conservada. Un bosque de secuoyas que aparece ante notros tras un recoveco en la carretera, como guardianes gigantes que sobreviven a los tiempos y que nos obligan a elevar nuestra mirada hasta casi voltear de espaldas. La ruta deja a tras el bosque y de nuevo nos integra en los ambientes marinos; Bodega Bay, es un pequeño pueblo costero donde Hitchcock rodo en 1963 “Los Pájaros”. Hoy no hay nada amenazante en el cielo de esta bahía, solo gaviotas y turistas completan el decorado de este apacible lugar costero.

La ciudad de Eureka nos despide de California, para entrar en la costa de Oregón, donde el litoral se vuelve más abrupto y espectacular. Calas de aguas transparentes, bosques de pinos inclinados por el viento, playas infinitas, donde el bravío oleaje clava en su arena los troncos a la deriva y kilómetros de desérticas dunas. Parece que no avanzamos y nuestro recorrido se ralentiza ante el imponente paisaje. Aquí son conocedores de su apabullante naturaleza y facilitan que el visitante disfrute del entorno, instalando para ello a pie de carretera un surtido de miradores, a cada cual más imponente y que hacen el recorrido más pausado. Las playas de Brandon o los farallones de Cannon Beach son escenarios que no debemos dejar escapar antes de cambiar el rumbo hacia Portland, la gran ciudad de la rosas y una de las urbes más cosmopolitas de Norte América. Con la visita a los jardines de Washington Park y sus esplendidas panorámicas finalizamos este recorrido por la ruta 101, el alma costera entre San Francisco y las tierras, ya cercanas de Canadá.

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