La noche había sido especialmente cruda, el invierno en ese año de 1300 en la pequeña aldea de O Cebreiro azotaba sin piedad a los vecinos. La nieve lo cubría todo, las pallozas sucumbían bajo un blanco uniforme, que daba al lugar un aspecto antiguo y desolado.

El fraile de la pequeña iglesia de O Cebreiro, como cada mañana muy temprano dispuso todo para oficiar la misa, a pesar de que nadie había acudido a la iglesia aquella mañana, en una jornada que se presentaba fría, desapacible y donde el viento aullaba sin parar en el exterior del recinto. Cuando se encontraba en el momento de la consagración escucho como la puerta se abría y una bocanada de aire gélido arrastraba la nieve dentro del pequeño templo. Pensó, sin dejar lo que tenía entre manos, que de nuevo la puerta había cedido a la cansina insistencia del invierno. Pero estaba equivocado, cuando giro la cabeza lo que vio dentro de la iglesia era un vecino de la aldea de Braixamaior, un feligrés especialmente devoto de la misa, que desafiando las inclemencias y empapado en nieve había llegado hasta allí.

El cura, casi menospreciando la presencia del vecino, se preguntó a si mismo, mientras meneaba su ya calva cabeza, si de verdad merecía caminar tanta distancia con la nieve hasta la rodilla para simplemente venir a tomar consagración, un trozo de pan y un vino de pésima calidad. La leyenda cuenta que, en ese momento, lo que tenía entre manos comenzó a transformarse en carne autentica, al tiempo que el vino que tenía en el cáliz se convertía en sangre. El cura no daba crédito en lo que sus ojos estaban contemplando, asustado cayo de rodillas, derramando la sangre y suplicando perdón por sus malos pensamientos y dudar de esta forma en la sagrada palabra de Dios. El campesino asustado por los acontecimientos acudió en ayuda del fraile, pero nada pudo hacer por su vida, el clérigo había pagado con la muerte un instante de duda. En ese momento las campanas de la pequeña iglesia comenzaron a sonar de forma descontrolada,  el viento había tomado las riendas de su vaivén. Como testigo impasible del milagro, en el altar de la iglesia una imagen de la Virgen con el Niño miraba hacia el frente, pero entonces la figura, tomando vida, inclino su cabeza ligeramente hacia abajo para contemplar la escena que allí se acabada de celebrar, la conversión del pan y el vino en carne y sangre. Desde entonces la figura permanece con la cabeza inclinada y es conocida como la Virgen de O Cebreiro o Virgen del Santo Milagro. Tanto si es cierto como si no, la puerta de entrada al camino jacobeo en Galicia, bien merece una reconfortante visita.

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