Las tierras de Friol son prácticamente llanas y en este lugar el horizonte viaja entre prados y suaves ondulaciones de intenso color verde, estamos en el corazón de A Terra Cha. Aquí, al contrario de otras comarcas gallegas, escasean las fuertes depresiones, las montañas y los profundos ríos y el cambio en el terreno es apenas imperceptible, creando un conjunto armonioso, casi romántico.

No es pues de extrañar que las escasas elevaciones del terreno, fueran ya desde la antigüedad, emplazamientos muy disputados para establecer poblados y puntos de control, desde los que mantener a raya los posibles enemigos. En una de esas contadas elevaciones se aposenta el castillo de San Paio de Narla o Torre de Xía. La inscripción grabada sobre un sillar nos remonta al siglo XIII, momento probable de su construcción, pero la fortaleza no aparece referenciada en los escritos hasta el año 1350. Destaca por su imponente torre de homenaje que sobresale entre una mata de robles de gran porte, recortándose contra un paisaje misterioso y donde las brumas de amanecer son habituales. El castillo, como la mayoría de las fortalezas medievales de Galicia fue pasto de la Revuelta Irmandiña de mediados del siglo XV, donde los vasallos, cansados de la opresión y las lamentables condiciones de vida impartidas por los señores feudales, iniciaron una revolución que se extendió entre los años 1467 y 1469.

Como buen castillo, también alberga en su historia momentos trágicos ligados a sus dueños, ya que fue entre estos muros donde el señor de Seixas dio muerte a su mujer. Primero con un intento de envenenamiento fallido, para más tarde apuñalarla en el pecho y simular el crimen como muerte natural, cubriendo las heridas con estopa. Las habladurías señalaban al señor de Seixas como culpable y estas llegaron a oídos de los padres de la difunta, enterrada en el monasterio de Sobrado dos Monxes. Allí, en presencia de la justicia de A Coruña, exhuman su cuerpo y destapan las heridas descubriéndose el crimen. Seixas huye a Portugal donde finalmente es perseguido y asesinado.

El castillo fue adquirido por la familia Campomanes en el siglo XVIII y fue pasando por diferentes familias hasta uno de sus últimos propietarios privados, quien pretendía derribar la fortaleza para vender su piedra al mejor postor. Finalmente fue comprado en 1939 por la Diputación de Lugo, quien se ocupó de su reforma para albergar la sección de etnografía del Museo Provincial de Lugo. El castillo es visitable y se puede admirar además de utensilios de la historia de Galicia, una destacable colección de armas, con una curiosa vestimenta de samurái o una armadura colonial española que nos remonta al siglo XVI.

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