Cuentan las leyendas que en otros tiempos, cuando las batallas y conquistas estaban a la orden del día, Hércules, el hijo de Júpiter, llegó a un acogedor valle entre montañas para descansar, allí alejado del estrés de las contiendas, descubrió el beneficio de las aguas termales, la tranquilidad y decidió prolongar su estancia en estas bonitas tierras. En el año 102 el emperador Trajano fundaría por primera vez un balneario, un complejo de baños y monumentos que convirtieron durante los más de ciento sesenta años de dominación romana en Dacia, a Băile Herculane como uno de los lugares más populares del imperio.

Como referencia a esas épocas gloriosas del lugar, una estatua en bronce del héroe moldeada en 1874 se ancla en el centro de la antigua ciudad. La época moderna no dejó escapar las propiedades del lugar y en 1930 se construyó el primer hotel avanzado que explotaba los beneficios curativos de unas aguas termales cargadas de azufre, sodio, cloro, calcio y magnesio. Antes de la Segunda Guerra Mundial el lugar se convirtió en una referencia para la aristocracia europea, el emperador José II, la emperatriz Charlotte e incluso la emperatriz Sissi, eran asiduos de este paraíso distinto y encantador.

Hoy la visión de Băile Herculane dista mucho de esa elegancia de antaño y se asemeja más a un Katmandú Rumano, donde el tiempo parece haberse detenido. Aquí se mezclan instalaciones construidas en la época comunista para el turismo masivo, con restaurantes, hoteles de nuevo diseño, puestos callejeros y bullicio. Un poco más allá, lejos del ajetreo, anclados al pasado, descansan los maravillosos complejos termales de antaño.

Edificios de marcada arquitectura austro-húngara que poco a poco avanzan hacia un estado ruinoso, por problemas burocráticos muy complicados de solucionar y donde diferentes acreedores pugnan por su parte del pastel. En cualquier caso, el lugar es fantástico y hacer el paseo que recorre las orillas del rio Cerna al final de la tarde nos retrotrae a esos tiempos aristocráticos de un pasado glorioso y elegante.

Anxo Rial.

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