Una lejana y cálida tarde de agosto de 1782, con una muchedumbre congregada a la orilla del río Neva, la emperatriz Catalina apareció ante los asistentes y dedicó a la suntuosa Leningrado, el “Jinete de Bronce”, la figura fundadora de la maravillosa ciudad.

Tras muchos años alojando zares, la ciudad de Moscú estaba sumida en halo de misterio y desconfianza. Un riguroso ambiente en la que el joven Pedro no parecía encajar. Pedro era hijo de un zar, de porte imponente. Era un tipo grande de casi dos metros. De aficiones militares y gran amante de los navíos y muy curioso. El ansia de saber, de escuchar las historias de mercaderes extranjeros, le llevo a recorrer de incógnito el continente europeo, reuniéndose con monarcas, compartiendo conocimientos y forjando su idílica idea de ciudad.

Una empalizada de madera en la isla de Hares, se convirtió en el nacimiento de la urbe soñada. En Junio de 1703, el zar Pedro el Grande, dio nombre al lugar, Sankt Pieter Brukh, y la ciénaga atestada de mosquitos comenzó a tomar forma. La nueva capital que el zar tenía en mente tenia que ser grandiosa. Como no había tierra suficiente, los pantanos fueron drenados, las ciénagas rellenadas y se construyeron diques para evitar las inundaciones del Neva. Miles de extranjeros buscando fortuna llegaron para aportar su experiencia. Ingenieros y arquitectos diseñaron diques y vías fluviales. Junto a ellos, mármol de Italia, piedras semipreciosas de los Urales y granito de Polonia, fueron dando forma a una ciudad grandiosa.

En 1712, el zar declaró oficialmente a San Petersburgo como la nueva capital de Rusia y para asegurarse de que la ciudad tendría la aristocracia que le correspondía, comenzó a “invitar” a los nobles a la nueva urbe, que comenzaron a llegar de mala gana al lugar.

La ciudad de Neva es una urbe fantástica. Un rosario de palacios y monumentos de belleza sobrecogedora. Las cúpulas de la Iglesia de la Sangre Derramada, la Catedral de San Pedro y Pablo o el increíble museo de Hermitage, son motivos más que suficientes para visitar la Venecia del Norte.

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